¿DE DÓNDE VIENE EL VINO?
Del latín vinum. El descubrimiento del vino parece remontarse a las primeras civilizaciones fluviales del próximo oriente. Tras ser cultivada la vid por los judíos y los griegos, los romanos extendieron ampliamente los viñedos por todo el imperio. En la península Ibérica la producción de vino, impuesta también por la colonización romana, pronto superó las necesidades autóctonas e invadió el mercado italiano.
El vino es un líquido hidroalcohólico que contiene unos 200 componentes los principales, además del alcohol y el agua, son: (tartárico, cítrico, málico, láctico, succínico, acético) en un 0,4-1,5%; glicerina en un 0,5-1,5%; azúcares (glucosa, fructosa, pentosa) en cantidad variable según el tipo (dulce, semiseco, seco); componentes volátiles, como el acetato de estilo y otros ésteres, y acetaldehído; substancias minerales ( sulfatos, cloruros, fosfatos, potasio, calcio, etc.) en un 0,1-0,5%; compuestos fenólicos que dan al vino su color e influyen en su sabor (tanino); sustancias nitrogenadas (amoníaco y proteínas); pectinas; gomas, y vitaminas pertenecientes sobre todo al grupo B.
A la vista, el vino debe ser límpido, y su capa, brillante y viva; en cuanto al olfato, es preciso distinguir el aroma de los principios olorosos debidos al viduño. Según el sabor o gusto se juzga primeramente la constitución general del vino, su cuerpo y finura: fuerte, equilibrado, fino, consistente, recio, o por el contrario, pobre, ligero, común, endeble. Según la dulzura: dulce, delicado, sedoso, verde, áspero, astringente o picante según la vinosidad: nervioso, generoso, cálido, vigoroso, flojo, apagado, débil ,etc. Ciertos gustos anormales pueden ser debidos al viduño, a los recipientes o a las alteraciones químicas.
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